RAMÓN GARCÉS: “Nunca había visto un cañón, pero cuando lo tuve en manos enfoqué al Harrier británico, y lo hice explotar”

Por Gabriel Russo .
Este 2 de abril no es un día cualquiera; es el Día del veterano y de los caídos en Malvinas, una gesta que cumple 43 años. Entre los que lograron sobrevivir para relatarnos lo que allí ocurrió y donde cobró particular protagonismo, está Ramón Garcés, reflejo personificado de la crudeza y el heroísmo inesperado de la Guerra de Malvinas.
Hoy pasó Ramón Garcés por los micrófonos de Comunas, el argentino que con apenas 18 años, tenía sueños simples: estudiar y dedicarse al fútbol, una pasión que le daba sentido a sus días. Pero el llamado a las armas cambió su vida de manera abrupta, arrancándolo de su rutina y lanzándolo a un conflicto que fue desproporcionado en todos los sentidos.
Como muchos de sus compañeros, Ramón se vio enfrentado a un ejército británico, equipado con tecnología avanzada y aviones Harrier que dominaban los cielos-. Confiesa que nunca había visto un cañón en su vida. En la Base Aérea Militar Cóndor, Ramón se encontró frente a un Rheinmetall de 20 mm, una máquina de guerra que parecía más grande que sus propias esperanzas. Sin entrenamiento previo, con el peso de la responsabilidad y el miedo en sus manos, apuntó al cielo.
El momento fue decisivo. Un avión Harrier británico se acercaba, imponente y letal. Ramón, con una mezcla de instinto y valentía, lo cazó y en el tercer pase, disparó. Contra todo pronóstico, el avión cayó. Ese instante no solo marcó su vida, sino que se convirtió en un símbolo de resistencia y determinación en una guerra que dejó cicatrices profundas en Argentina.
Ahora Garcés, es un excombatiente de la Guerra de Malvinas, es conocido por la hazaña de haber derribado el avión británico desde la Base aérea Militar Cóndor, ubicada en Darwin y Goose Green. Este hecho lo convirtió en una figura destacada en la historia de la guerra, ya que el piloto británico, Bob Iveson, era considerado uno de los mejores de las fuerzas armadas británicas.
“A mis 18 años, fue un golpe bastante fuerte- expresó-, porque si bien el servicio militar obligatorio era una de las posibilidades, me tocó un número que no había dudas que lo tenía que hacer, pero al mismo tiempo había que pensar que la guerra de Malvinas se dio en el contexto de una dictadura militar, entonces era muy difícil aceptar que uno ,que está militando contra esa dictadura, de un día para el otro termina vestido con ropa militar y alejado 2000 km del hogar.
Así contó para Comunas el impacto de su debut en una guerra insospechada para un joven estudiante que militaba el peronismo prácticamente en la clandestinidad reunido en azoteas y baños.
“Tuve problemas por mi militancia en la zona oeste del Gran Buenos Aires, y conocí lo que fue esa época, me tocó estar preso en la Comisaría que terminó siendo un centro clandestino de detención. Así que conozco muy bien salir y entrar, y bueno era la militancia juvenil en las sombras desde el centro de estudiantes número 2, de Haedo donde militábamos con la juventud peronista. Así que ese contexto fue de Dictadura, de militancia política y de Servicio militar obligatorio en la guerra de Malvinas. Así que fue bastante difícil transitarlo-resumió-.
–Vos llamaste la atención de los Medios porque fuiste el responsable de haber derribado uno o dos Harrier en Malvinas…
“Primeramente fue un Harrier y después colaborando con otro compañero antiaéreo, algún otro Harrier más; pero principalmente el que más le dolió a los británicos fue el día 27 de mayo estando en la parte final de la batalla de Darwin y Goose Green. Fue la primera batalla fuerte, sangrienta ni bien desembarcaron el día 21 de mayo.
“La batalla final fue los últimos dos días 27 y 28 de mayo , y en ese contexto en la tercera pasada que hacían tres aviones Harrier bombardeándonos y tirándonos con todo lo que tenían desde bombas ametralladoras de 30 mm, bueno era muy terrorífico, aparte a muy baja altura a más de 500 o 600 km por hora; era muy difícil, pero ya la experiencia de tantos días de recibir esas batallas aéreas, y nosotros de tirarles con los cañones de 20 mm , hicieron que me decida a tomar como objetivo uno solo de los tres aviones que nos atacaban.
“A ese no lo perdí de vista nunca porque el cañón tiene una mira telescópica- explicó Garcés-.
“Yo desde ese día dije: bueno a la tercera pasada… y enfoqué el cañón a un solo avión y lo seguí y lo seguí hasta que lo empecé a impactar, después hizo un repliegue para escaparse y justo pasó para el lado donde estaba yo con el cañón, y le seguí disparando y explotó a pocos kilómetros del lugar.
Vos tenías 18 años no venías de una carrera militar. Entonces ¿cómo sabías cómo disparar?
“La instrucción que tuve en la IX brigada aérea Comodoro Rivadavia fue, dos clases en un pizarrón, ahí nos dieron una explicación de cómo eran los aviones, cómo era un cañón, con un dibujito con tiza, el cañón no lo conocíamos ni por fotos, y así nos mandaron a Malvinas.
“Había un suboficial que era técnico mecánico que estaba a cargo de preparar los cañones , y me ayudó y enseñó a operarlos; después aprendimos tirando directamente así que ahí fue el entrenamiento, no hubo otro. Fue sin mucha instrucción.-
“Fue como esa guerra, que estuvo sin instrucción, y sin conducción – definió Garcés-, porque realmente era un caos todo una anarquía; no había voz de mando, cada uno hacía lo que podía, lo que quería o lo que sabía. Y otros no hicieron nada, y las situaciones límites nos llevan a esos extremos.
La Coordinación Deficiente entre Fuerzas:
“La situación del gobernador y los generales deja mucho que desear. Las órdenes provenían de los mandos en la Base Cóndor, pero la coordinación entre la Fuerza Aérea y el Ejército era inexistente. De hecho, las cúpulas en Darwin estaban prácticamente peleadas, lo que dificultaba aún más las operaciones. Cada grupo daba órdenes diferentes, y lo único claro provenía del radar, que avisaba de los ataques para que se prepararan los cañones. Fuera de eso, no había instrucciones claras.
Desinformación y Medios de Comunicación:
“Respecto a los medios, no se escuchaban noticias de Buenos Aires; lo poco que sabíamos provenía de Colonia, Montevideo y otras radios. – narró Garcés-. “Allí nos enteramos del hundimiento del Crucero General Belgrano y otras noticias, aunque con versiones muy diferentes a la realidad. Las autoridades intentaban motivarnos asegurando que estaban ganando, afirmando que habían derribado aviones y hundido barcos enemigos. Sin embargo, lo que veíamos –bombardeos continuos y fragatas acercándose– evidenciaba lo contrario. Esta brecha de información, alimentada por órdenes de la junta militar, subrayaba el engaño también al pueblo argentino.
Abusos y Torturas a Soldados:
En Malvinas, también hubo casos de torturas a soldados argentinos: Ramón describió cómo encontró a un joven estaqueado por haber tomado una lata de comida que iba a compartir con su compañero: “Lo desaté, sin entender el motivo de semejante castigo, hasta que supe que muchos soldados sufrían abusos similares: simulacros de fusilamiento, pozos con agua helada y maltratos continuos. Estas prácticas reflejaban la crueldad de los mandos, quienes replicaron en las islas métodos de tortura usados en el continente.
El Documental sobre Torturas:
Ramón contribuyó a producir un cortometraje que relata los abusos sufridos por los soldados en Malvinas. Este proyecto enfrentó numerosos obstáculos, incluyendo censura por parte del gobierno de Macri. “A pesar de ello, fue presentado en universidades, museos y centros culturales, generando un debate amplio sobre las secuelas de la guerra y las injusticias padecidas por los excombatientes. La película aborda el estrés postraumático y los suicidios, con un enfoque reflexivo que evita golpes bajos, respetando a las familias de los soldados.- concluyó el ex combatiente de Malvinas.