Inmorales

Por Gabriel Princip.
Nunca en la historia política argentina se han visto tantos actos de miserabilidad en los principales protagonistas. Esos que pasarán a engrosar libros digitales donde explicaran que gobernaron con determinados modelos económico y políticos, pero seguramente no explicarán el contexto real.
Hoy reside en Casa Rosada alguien que desprecia a la clase trabajadora, que no tiene sentimiento humano alguno y que es incapaz de aceptar lo que es. Sus soldados, por hipocresía y alcahuetería, tratan de parecerse.
Por eso vemos como senadores libertarios proponen no castigar la venta de bebes, otros diputados visitan a marinos encarcelados, que han asesinado monjas y torturado embarazadas, y ministros que destratan a mujeres y niños como si todo fuera un juego.
La inmoralidad ha captado el gobierno y la hecho rutina. Se desloman por quedar absurdamente bien con la OTAN. Acusan de comunista a todos aquellos que piensan distinto y se arrodillan ante cualquier dirigente que represente al poder económico.
En el siglo 20 José Ingenieros decía: “cuando las miserias morales asolan a un país, culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideal no han sabido amarlo como patria, de todos los que vivieron de ella sin trabajar para ella”.
Y así estamos todos los días desde diciembre del año pasado. Nos vamos a dormir y despertamos con alguna pesadilla. Más aumentos, menos derechos, alimentos carísimos, un dólar que sube y baja, un campo que solo colabora con su bolsillo, inseguridad, desempleo, y un daño que provoca un gobierno que esboza una sonrisa al observar el dolor argentino.
Estamos en manos de una banda de perversos, de depravados de la política, que se aprovecha de la democracia para hacer caja, llevarse sus comisiones y entregarnos económicamente, políticamente y socialmente al enemigo. Todo acto político oficialista es en beneficio de la oligarquía y en detrimento de la clase trabajadora.
Hacen del mal, del daño, una rutina y la rutina es el hábito de renunciar a pensar. No todo está perdido, pero debemos reaccionar y comenzar a hablar con las segundas líneas de la oposición. Los dirigentes que votamos ya traicionaron. Es hora de pedir sus cabezas y trabajar con aquellos que no deseen la disolución nacional.
Ingenieros dijo alguna vez que “la vida humana representa una ecuación entre el pasado y el futuro”. El pasado reciente resta, el presente no suma y quizás el futuro multiplique. No debemos analizar una derivada ni el binomio de Newton, solo debemos sumar y multiplicar con aquellos que nos parecemos. ¿El resto resta, no le parece?