
«Se me colocó como un juez militante, sobre la base de que, desde que soy juez voy a la marcha del 24 de marzo, que es para sostener el estado de derecho. He ido con colegas, jueces, con los excombatientes de Malvinas, y si es ser un juez militante por esas ideas no tiene absolutamente nada de malo», dijo Ramos Padilla durante su exposición ante la Comisión por la Libertad de Expresión en Diputados.
Sencillamente el juez investiga la trama de corrupción que existe en el partido judicial, y el espionaje del periodismo de guerra, como alguna vez sentenció que hizo un columnista de Clarín, durante el kirchnerismo.
Ese periodismo opositor de la oposición que se enquista en fomentar su propio monstruo. Ese que llamó grieta, y que a sabiendas de que todo lo que caiga en ese vacío es ganancia decidieron partidizar la red mafiosa de Comodoro Py.
Los medios dominantes de la opinión pública llenaron páginas hablando del posicionamiento político del fiscal Ramos Padilla. Un portal dirigido por un periodista distinguido esta semana en la Legislatura porteña publicó una nota acerca de la ideología del letrado, y nada del caso que denuncia.
De la extensa frase que cité al comienzo donde se deslinda de la “acusación” de juez militante, Ramos Padilla dice que “no le parece mal si es considerado así por asistir a las marchas de los 24 de marzo para defender el orden constitucional al cual juró lealtad”, pero para una editorial el título fue “no tiene nada de malo ser militante”.
No es la primera vez que los medios y la justicia se unen para cercenar las palabras, hace unos años trabajadores del poder judicial orquestaron una marcha que entre las cosas que pedían estaba eliminar un impuesto que no pagaban, por ese entonces, la Presidenta Cristina Kirchner pidió que se saquen las mascaras, que el poder judicial forme un partido y gane las elecciones.
Más de un tonto, que se quejaba de las cadenas pero no las veía cayó en el periodismo de guerra y sólo leyó en los titulares “formen un partido y ganen las elecciones”. Helo aquí, el periodismo y la justicia haciendo de las suyas…
La panelista sin cartel Lila Carrio denunció que Marcelo D´alessio (implicado en las denuncias que incluyen fotos, audios, pero para algunos debe ser menos valiosos que unas fotocopias) es un delirante”.
Todo lo que figure tensión o que les desagrada los consideran locos. Como olvidar cuando ante el reclamo por la baja de tarifas Macri dijo “no sigan las locuras de Cristina”.
La pérdida del juicio (usado como sinónimo de razón) atemoriza al primer mandatario que llegó a declarar ante una familia mendocina que si se llega a “volver loco puede hacer mucho daño”.
En el 2016, Mauricio dijo en una entrevista a una corresponsal mexicana que “Hebe de Bonafini estaba desquiciada”.
Es recurrente en estos años adjetivar como “loco” a todo lo que no les resulte en beneficio.
Si bien somos más de 40 millones de locos los que no tenemos beneficios de su Gobierno, el oficialismo se esmera en polarizar las cosas mediante un relato que burla el poder de razonar de extensa parte de la sociedad y los invita a repetir cosas tales como: se robaron 3 PBI y ¼, o cosas por el estilo.
En limpio un falso abogado pedía coimas para manipular la causa de las fotocopias mediante lo que él declaraba como una inmediata relación con el fiscal EXTORnelli. Como para muestras basta un botón, el botón es Daniel Santoro. Quien en los programas de televisión en los que trabajaba llevaba información exclusiva del caso, que le administraba una supuesta “fuente judicial confiable”.
Finalmente, de judicial tenía poco y de confiable menos. Y como frutilla del postre, le buchoneaba a su falso abogado de confianza lo que hacían sus compañeros de panel.
Una trama que hay que comprobar pero que desnuda varias cuestiones.
Por ejemplo, en la exposición Ramos Padilla indica que algunos letrados iniciaban causas de dudosa seriedad sólo para pedir la intervención en algunos números telefónicos, luego de un tiempo la causa caía pero quedaba el registro de todo lo que hacían los usuarios de esos números.
Esta causa deja al desnudo las operaciones, y bajeza de un canal de televisión que durante años decía escuchar “todas las voces, todas” pero presentaba como una eminencia a un usurpador de titulo. La confiabilidad por el piso de una emisora que no chequea, ni googlea pero opera mejor que Favaloro.
Para no ser más extenso, cabe resaltar que esta causa seguirá su desarrollo y recomendar a los implicados que no se vuelvan locos porque estando cuerdos ya son peligrosos, y si la causa avanza aseguren que su defensor se haya recibido.