
Puede sonar macabro, pero cuando faltan apenas 4 meses para el inicio de las elecciones presidenciales que en octubre decidirán si los argentinos continuamos navegando hacia el triángulo de la muerte, o si hay una chance para recuperar el bienestar común y la esperanza de vida, se conoce que la canasta básica para una familia tipo subió 2,6% en abril y quedó al borde de los $30.000. Pobreza e indigencia se incrementaron y cada persona que cae, deja a la familia adeudada con un funeral impagable.
Ayer escuché a una dirigente política calificar al gobierno de Cambiemos como “cuadrilátero de la muerte”, al que sugirió echar a un lado en las elecciones, otros analistas del modelo de exclusión neoliberal que aplica el gobierno de Mauricio Macri desde que sumió al poder, aciertan en decir que es símbolo de exterminio y muerte.
No hace falta teorizar demasiado para explicar lo que esto significa para una familia tipo en la Argentina , un jubilado o un monotributista que vive haciendo malabares desde hace más de tres años para poder llevar la comida a la mesa, postergando incluso, cuestiones vitales, como comprar remedios o tratamientos médicos porque el escaso dinero que entra al bolsillo se lo fagocitan el alquiler de la vivienda, las expensas y los servicios. Si no pagás, te cuesta un desalojo y viviendo en la vereda, como ya hay cientos de familias en la Capital Federal, corres el riesgo de que algún criminal a sueldo te pegue fuego mientras intentas dormir congelado bajo una frazada.
A estas alturas al argentino común no le importan los discursos ni de qué bando político vienen, aborrecen las promesas olorosas a campaña, y las pulseadas por puestos y poder político donde se repiten las caras; por estas horas lo que el argentino común que pelea por su vida para no morir de hambre, lo que quiere es que desaparezca el verdugo que subió a la escena saltando entre globos amarillos, y le tiñó de negro la vida a millones.
El Indec informó en marzo que el índice de Pobreza aumentó a 32% al término de 2018, contra el 25,7% de igual período de 2017; mientras que el de Indigencia subió a 6,7% desde 4,8% de finales de 2017. Significa que, con una población estimada en 44 millones de habitantes, al cierre de 2018 se encontraban en situación de pobreza alrededor de 14 millones, alrededor de dos millones de personas más que en 2017.
¡Qué más pruebas necesita la gente para acompañar con su voto el vuelco que necesita la dirección del país, para que el volante lo tome quien pueda conducir con seriedad y responsabilidad los destinos de los moribundos que está dejando una política de criminal ajuste, marcada por la insensibilidad, el desprecio, el odio político y la persecución con la muerte como saldo final.